Seguro que te ha pasado: te levantas un domingo tempranito, con el sol apenas asomando, te tomas un café bien cargado y te quedas mirando esa parcela que acaba de descansar tras la trilla. Ves los restos del cultivo anterior, quizá algo de maleza que empieza a asomar y piensas: «Llegó la hora de despertar a la tierra». Ese momento, donde decides que es tiempo de meter los fierros, es donde comienza la verdadera magia de la agricultura.
En términos simples, el arado es la herramienta que utilizamos para abrir surcos y labrar el suelo. Es, básicamente, darle un «masaje profundo» a la tierra para que se ponga blandita, respire y esté lista para recibir la semilla. Aunque hoy en día hay mucha tecnología, el arado sigue siendo el corazón de las actividades agrícolas; es como el cimiento de una casa: si los cimientos están mal, nada de lo que construyas arriba va a estar firme.
En este artículo, no solo vamos a ver qué fierro te conviene más según tu terreno, sino que nos adentraremos en su historia, sus partes y, lo más importante, cómo usarlo correctamente para que no gastes diesel de más ni maltrates tu suelo.
¿Qué es el arado agrícola?
Si nos ponemos técnicos, el arado es un apero de labranza primaria diseñado para cortar, levantar e invertir (voltear) una capa de suelo. Pero para nosotros, es el compañero que nos ayuda a descompactar ese terreno que ya está apretado de tanto paso de maquinaria o de animales.
La historia de este «amigo de hierro» es fascinante. Empezó hace miles de años, allá por el cuarto milenio a.C. en Mesopotamia, como una simple rama de árbol puntiaguda que los hombres arrastraban con fuerza bruta. Imagínate el sudor de aquellos tiempos. Luego pasamos a los arados de madera tirados por bueyes, caballos o mulas. Los romanos le pusieron la primera cuchilla de hierro, y no fue hasta hace un par de siglos que aparecieron los diseños modernos que conocemos, como el famoso «Rotherham Swing Plough«, que ya se fabricaba a gran escala. Hoy, gracias a los tractores, hemos pasado de la tracción animal a máquinas sofisticadas que se ajustan con hidráulicos desde la cabina.
El arado no trabaja solo; es una pieza clave dentro de un proceso más grande. Si quieres profundizar en cómo dejar el terreno impecable antes de meter el arado ,puedes leer nuestro artículo anterior: “Preparación del suelo para la siembra: fundamentos esenciales”.

¿Para qué sirve el arado?
Arar no es solo «hacer rayas en la tierra». Tiene funciones vitales para que tus plantas crezcan fuertes:
- Voltear y airear el suelo: al invertir la tierra, permites que el aire y el agua penetren profundamente. Un suelo bien aireado es un suelo vivo donde las raíces pueden «respirar» y moverse con facilidad.
- Incorporar materia orgánica y rastrojos: ¿Viste esos restos de maíz o paja que quedan tras la cosecha? El arado los entierra para que se descompongan y se conviertan en abono natural. También sirve para meter el estiércol del ganado bajo la superficie, reintegrando nutrientes.
- Control de malezas: Al voltear el pan de tierra, entierras las semillas y las raíces de las malas hierbas (como el zacate o la candelilla), exponiéndolas al sol para que se sequen o enterrándolas tanto que no puedan brotar.
- Control de plagas: Muchos insectos y bichos viven en la capa superior del suelo. Al arar, los expones a sus depredadores naturales y al sol, rompiendo su ciclo de vida.
Lo que el arado NO hace: El arado no es para «nivelar» el terreno (para eso están las rastras o niveladoras láser). Tampoco es algo que debas hacer todos los años a profundidad máxima; de hecho, muchos recomiendan hacerlo cada 4 o 5 años para no dañar la estructura del suelo a largo plazo.
Tipos de arado agrícola
No todos los campos son iguales, y por eso no todos los arados sirven para lo mismo.
- Arado de vertedera: el clásico, tiene una reja curva que corta y voltea el suelo por completo. Es ideal para enterrar malezas y residuos de forma profunda, pero no le gustan mucho las piedras o raíces grandes.
- Arado de discos: usa platos circulares que giran. Es el «guerrero» para terrenos difíciles: suelos muy duros, secos, pedregosos o con muchas raíces. Como los discos giran, no se atoran tan fácil como la vertedera.
- Arado de cincel (Chisel): no voltea la tierra, solo la rompe y la afloja. Excelente para la labranza de conservación, ya que deja los residuos en la superficie para evitar la erosión.
- Arado subsolador: si tu problema es que el agua no baja porque tienes una «capa dura» en el subsuelo, este es el indicado. Trabaja a profundidades de más de 40 cm para romper esa compactación profunda. (Más detalles en nuestro artículo “El Subsuelo Agrícola: qué es, importancia y cómo mejorarlo”).
- Arado rotativo / Rotavator: Usa cuchillas giratorias que pican y mezclan el suelo, dejándolo casi listo para la siembra en una pasada. Es muy usado en hortalizas.
| Tipo de Arado | Profundidad ideal | Suelo recomendado | Ventaja principal | Limitación |
| Vertedera | 20 – 35 cm | Pesados, sin piedras | Entierra todo el residuo | Se daña con piedras |
| Discos | 20 – 40 cm | Duros, pedregosos | No se atora con raíces | No voltea el suelo al 100% |
| Cincel | 20 – 30 cm | Compactados | Reduce la erosión | Pobre control de malezas |
| Subsolador | +45 cm | Con capas endurecidas | Mejora el drenaje profundo | Requiere mucha potencia |
| Rotativo | 5 – 15 cm | Ligeros, hortalizas | Deja cama de siembra fina | Gasta mucho combustible |
Componentes principales del arado
Para que tu arado trabaje fino, tienes que conocer sus «órganos»:
- Reja o punta: Es la parte que penetra primero en la tierra y hace el corte horizontal. Es la que más se gasta, por eso se puede cambiar.
- Vertedera: Es la «aleta» curva que se encarga de elevar y voltear el pedazo de tierra que cortó la reja.
- Cuchilla / Disco: En algunos arados, hay una cuchilla vertical que corta el suelo antes de que pase la reja para que el surco quede más limpio.
- Bastidor y sistema de enganche: Es el esqueleto de acero que aguanta todo. Puede ir enganchado a los tres puntos del tractor o ser de arrastre.
¿Cuándo arar?
Como dice el dicho, «no por mucho madrugar amanece más temprano». Si aras en el momento equivocado, puedes arruinar tu tierra:
- Estado «deformable» o a sazón: El suelo no debe estar ni muy seco (se pone como piedra y gastas más diesel) ni muy húmedo (haces «pencas» o bolas de lodo que luego se ponen durísimas).
- Errores de timing: Si llueve y te metes a arar con lodo, vas a compactar el suelo en lugar de aflojarlo. Además, si el terreno está muy mojado, los discos pueden patinar y no clavarse.
- Frecuencia: No abuses. Arar demasiado profundo todos los años puede quemar la materia orgánica muy rápido. Para coordinar tus labores de arado con la siembra, consulta nuestro artículo “Períodos de siembra y cosecha: el arte del momento perfecto”.
Uso correcto y ajuste del arado
Un arado mal ajustado es como un zapato que te queda chico: vas a sufrir tú y va a sufrir el tractor.
- Profundidad: Generalmente se trabaja a unos 25-30 cm para un barbecho normal. Si quieres romper capas duras, te vas a más profundidad, pero ojo con la potencia.
- Ajuste de ángulo y velocidad: La velocidad ideal anda entre 3.5 y 7.5 km/h. Si vas muy rápido, el suelo vuela por todos lados; si vas muy lento, no voltea bien la tierra.
- Potencia del tractor: Un arado de discos o vertedera grande necesita un tractor con buena «garra» (4×4 preferiblemente) para que no patine. Por ejemplo, un arado de 4 rejas puede necesitar un tractor de buena potencia para trabajar a buen ritmo (media hectárea por hora aproximadamente).
- Mantenimiento: Al terminar, limpia bien la tierra pegada para que no se oxide. Engrasa los puntos móviles y revisa que las puntas no estén romas, porque si no, el arado no se va a querer clavar.
El arado ha sido nuestro aliado desde que el hombre decidió dejar de ser nómada y ponerse a sembrar. Hoy, tenemos máquinas increíbles que nos facilitan la vida, pero la sabiduría del agricultor sigue siendo la clave: saber elegir el fierro, esperar el momento justo y cuidar la máquina.
Checklist rápido para tu próximo barbecho:
[ ] ¿Está el suelo en su punto de humedad (ni lodo ni polvo)?
[ ] ¿Elegí el arado correcto para mi tipo de suelo?
[ ] ¿Están las rejas y discos en buen estado y afilados?
[ ] ¿Tengo el tractor con la potencia necesaria?
Si respondiste que sí a todo, ¡estás listo para darle vida a esa tierra! Recuerda que un buen arado es el primer paso para una cosecha que te llene de orgullo. No olviden que en nuestro Blog tenemos mucha más información sobre la preparación de tierra, la siembra y sus métodos para que tu campo siempre rinda al máximo. Asimismo pueden consultar nuestros arados agrícolas aquí. ¡A darle con todo, compañeros!





